Por: Dra. C. Nancy Chacón Arteaga
Sub Directora de la Oficina del Programa Martiano
Presidenta fundadora Cátedra de Ética ISPEJV
Hablemos de la ética de la profesión
¿Cuál es el contenido del Código de Ética Profesional de los educadores cubanos?
El sistema de la moral socialista de la Revolución cubana es la fuente de la moral profesional de los maestros cubanos y del Código de ética de la profesión, la diferencia entre la Ética Pedagógica y la moral pedagógica, consiste en que la Ética es una concepción teórica, normativa e instrumental sobre la moral profesional del educador, es un conocimiento sistematizado sobre las regularidades de la moral presentes en el trabajo pedagógico. Mientras que la moral es el conjunto de principios, normas, valores, representaciones sobre el bien y el mal, en la labor pedagógica, que orientan, valoran y regulan la elección moral del maestro en el ejercicio de la profesión, por lo que la moral de la profesión acompaña a los modos de actuación y la dirección del desempeño profesional.
En tal sentido la moral personal y profesional se integran en una sola, no debe haber doble moral, o una moral diferente para cada contexto o circunstancia, el prestigio y la autoridad moral del educador radica en su ejemplaridad manifestada en su actitud ante la vida.
¿Por qué es importante el papel de la moral en el trabajo pedagógico?.
La importancia de la moral para el desempeño profesional del educador radica en que la misma es inherente al proceso pedagógico, como parte de la personalidad del maestro, quien a su vez orienta y dirige el proceso formativo del estudiante, a cuya personalidad también le es propio un determinado grado de desarrollo de moralidad.
El maestro debe tener una concepción ético moral de su profesión, que abarca dos aristas importantes la primera en cuanto a la normatividad de su conducta, de cuál debe ser su imagen y comportamiento como profesional de la educación, la segunda unida a esta radica en su preparación pedagógica de cómo contribuir a la educación ético moral de sus estudiantes, cuando el educador es capaz de incorporar a su personalidad, a su forma de ser una concepción ética de su moralidad y lo tiene presente en su labor para la educación de sus alumnos e influenciar positivamente en su colectivo y con quienes interactúa, podemos decir que la ética trasciende su papel normativo de la conducta para transformarse en una herramienta o instrumento pedagógico de la labor educativa, como un enfoque ideológico más integrador de los conocimientos sobre la ética, la moral, los valores y el humanismo de la profesión.
Dentro del lugar y papel de la moral en el trabajo pedagógico se destacan entre otras las características siguientes:
El trabajo pedagógico tiene un profundo carácter humanista, ya que tiene como centro de su atención al ser humano, ya sea el niño, el adolescente, el joven o adulto, con el objetivo de formar, transformar y educar su personalidad, para lo cual el maestro emplea como medio esencial sus propias cualidades personales y profesionales, las que se transforman en sus principales instrumentos del trabajo educativo.
La labor pedagógica es un proceso interactivo, aún con los avances científico tecnológicos que caracterizan al S.XXI y sus aplicaciones en el contexto del trabajo pedagógico, por su esencia este sigue siendo un proceso intersubjetivo, es decir se realiza por medio de relaciones interpersonales directas, lo que implica una atención especial a la orientación de la comunicación y su tono, y el clima psicológico moral de las mismas, este es el contexto del afecto, la comprensión en el trato, la persuasión, la compulsión necesaria, la sensibilidad ante lo que nos rodea, la empatía humana, que significa la no indiferencia, la afinidad y el grado de afectividad en las relaciones establecidas, este sentido humanista de la labor educativa y de sus principales vías de realización no podrán ser sustituidas por la tecnología.
Dentro del sistema de relaciones morales y de la comunicación que se establecen en el proceso de la labor educativa del maestro en la escuela, se encuentran:
Las relaciones entre el maestro y los estudiantes, reconocidas como las principales dentro del complejo proceso educativo, cuya máxima ética está en el respeto a la dignidad de los alumnos. ´
Las relaciones maestro - maestro, que ocurren en el contexto de la interacción del trabajo en el colectivo pedagógico, no solo entre sí, sino con los alumnos, la familia, la comunidad y otros trabajadores, por lo que el maestro debe atender a las normas éticas de la colaboración profesional y el trabajo cooperado, el que agrega un valor al logro de los objetivos y resultados educativos del colectivo de maestros, por la complementación que se produce en el plano de las competencias profesionales y ante los desniveles en la experiencia y preparación profesional que en ocasiones existen en la heterogeneidad de los claustros.
El respeto a la jerarquía de las funciones entre los profesionales, la consideración a los docentes de mayor experiencia y profesionalidad, la estimación por lo que cada cual puede aportar incluyendo los más jóvenes, el respeto por los resultados profesionales de los colegas, el rechazo a los celos y envidia profesionales, la franqueza, la honestidad, son entre otras algunas de las normas éticas que contribuyen a un funcionamiento orgánico de la institución y de la labor educativa.
Las relaciones del maestro, los alumnos y la familia con el personal de apoyo de la institución escolar, los que también ejercen una influencia educativa, y debe ser justipreciado sus contribuciones desde el trabajo que realizan de higienización, alimentación, transportación, entre otros oficios y profesiones que confluyen en un centro educacional.
Las relaciones del maestro con la familia, con una comunicación orientadora y educativa, de respeto e influencia moral, son esenciales para la labor conjunta del sistema de influencias educativas, y que se extienden hacia las relaciones del maestro con los factores de la comunidad, a partir de las potencialidades histórico, culturales que esta brinda para la educación integral.
Aunque alumnos y maestros tienen objetivos comunes que los unen, unos el de ser educados y otros el de educar, existen constantes choques de intereses, que generan conflictos y dilemas morales para profesores y alumnos, ya que por diferentes causas o razones (que deben ser indagadas por los propios maestros), los alumnos manifiestan cierto rechazo a las influencias educativas de los adultos, fenómeno que expresan de diferentes formas, con cierto retraimiento en clases, desinterés, indisciplina, falta de atención etc., por lo que el maestro debe buscar con los recursos de la profesión, que pasa por la actividad científico investigativa, las soluciones adecuadas a los diferentes choques y problemas que se le presentan, en lo que la valoración moral de la profesión con un sentido crítico y autocrítico contribuye a movilizar al maestro en la búsqueda de las salidas más adecuadas a los mismos, es decir en correspondencia con los valores y las normas éticas de su función social, para lo cual debe apelar a la paciencia, saber reprimir los sentimientos indeseados, las reacciones negativas, de violencia, buscar la solución verdaderamente educativa y estimulante. En ocasiones es factible la consulta o decisión colegiada con otros colegas, lo cual es una práctica usual sobre todo si se trata de profesores pocos experimentados.
La labor pedagógica es un tipo de trabajo de naturaleza intelectual, ideológica, que se mueve en la esfera de los conocimientos científicos, los sistemas teóricos, la ideología y la cultura en general, lo cual representa un riesgo siempre presente, de que el maestro se aleje en su labor educativa de la vida cotidiana, de la práctica y sus significaciones, es decir de cumplir a cabalidad con el principio de la integración de la teoría y la práctica y de preparar para la vida a sus alumnos, por otra parte, esto puede ser una premisa que puede contribuir a generar rasgos negativos en la personalidad del maestro como el de la autosuficiencia, al considerar que es el que “más sabe” y subvalorar la personalidad de sus alumnos e incluso de sus colegas. La moral es un elemento autorregulador importante ante estos u otros riesgos que se presentan en el trabajo pedagógico.
Aunque la labor pedagógica se organiza y se orienta en y a través del colectivo de maestros, esta se ejecuta y se realiza a partir de la actividad y responsabilidad individual de cada maestro que conforman el colectivo pedagógico en lo que se da la correlación de la responsabilidad individual y colectiva, el maestro es el encargado de organizar, dirigir, orientar y ejecutar el proceso pedagógico. Esto no significa que cada maestro “tenga su propio librito”, que lo aisle o aleje de los objetivos educativos comunes de su colectivo y de la sociedad, que se contraponga a la labor de otros maestros o a la importancia de las diferentes áreas del conocimiento presentes en el currículum institucional. Por otra parte, esta característica, es la razón por la cual el maestro debe estar consciente de que los controladores principales de la calidad de su labor educativa, de su profesionalidad son sus propios estudiantes, estos son sus observadores cotidianos. Por ello la moral de la profesión le indica que debe ser el primer interesado en autoevaluarse en este sentido y buscar de forma adecuada la información al respecto, incluyendo las opiniones críticas que puedan tener los propios estudiantes, para mejorar su labor.
Estos entre otros rasgos hacen que la moral profesional tenga una función vital muy activa en la orientación, regulación y valoración de la labor cotidiana y la vida personal de los maestros, por estar presente en toda la actividad pedagógica y la vida de la sociedad en general.
¿Cual es el ideal de educador que requiere la sociedad socialista cubana?
Un importante lugar dentro del código de ética lo tiene el tema del Ideal,
cuando hablamos del ideal de educador, hablamos de una formulación teórica, ideal, de carácter ideológico y cultural, del tipo de maestro o profesor que requiere nuestra sociedad en estos tiempos. Ese modelo tiene que estar en correspondencia con el contenido del sistema social socialista de la Revolución cubana (ideal social), y con el ideal del tipo de personalidad a que se aspira (ideal humano). Sin embargo, entre el ideal y el modelo existen diferencias, el ideal es más general y abstracto, el modelo está más cerca del deber ser y del ser de la profesión.
Al hablar del modelo del educador, no podemos mirar solo hacia el ideal de maestro que aspira a tener la sociedad en un largo plazo, proyectado en otros niveles del desarrollo a alcanzar, es necesario tener en cuenta los modelos paradigmáticos de maestros los profesores del presente, e incluso de la generación actual del magisterio revolucionario cubano.
Para este propósito, la Ética Pedagógica en nuestra sociedad aporta los principios morales de la profesión que orientan el proceso de concreción de los valores y cualidades morales que no se deben dejar de tener en cuenta en la proyección del modelo del egresado de las carreras pedagógicas y en el ideal de educador que desea y aspira la sociedad.
En la formulación de estos principios se ha tenido en cuenta el pensamiento pedagógico de José Martí, máximo exponente del pensamiento patriótico, revolucionario e independentista cubano del S. XIX y en su continuidad el de Fidel Castro, con un enriquecimiento y concreción práctica en la obra educacional.
En este caso se han trabajado textos específicos de las Obras Completas de José Martí (27 tomos publicados), y de Fidel Castro su intervención del 7/7/81, donde expresa la imagen social del maestro cubano, concretada en el Deber Ser de la profesión del educador, su encargo y función social, el que nos orienta para la precisión de las normas morales de las relaciones, comunicación y modos de actuación en los desempeños, así como los valores y cualidades morales de la personalidad del educador.
Principios morales de la profesión
Ø Fidelidad a la causa de la patria socialista de la Revolución cubana y del internacionalismo en la labor pedagógica.
“El pueblo más feliz es el que tenga mejor educado a sus hijos, en la instrucción del pensamiento, y en la dirección de los sentimientos. Un pueblo instruido ama al trabajo y sabe sacar provecho de él. Un pueblo virtuoso vivirá más feliz y más rico que otro lleno de vicios y se defenderá mejor de otro ataque”. (José Martí “Educación popular”, O. C. T. 19, página 375).
“Educar es depositar en cada hombre toda la obra humana que le ha antecedido: es hacer a cada hombre resumen del mundo viviente, hasta el día en que vive: es ponerlo al nivel de su tiempo, para que flotre sobre él, y no dejarlo debajo de su tiempo, con lo que no prdrá salir a flote; es preparar al hombre para la vida” (José Martí Escuela de electricidad, O. C. T. 8, página 282).
“En la escuela es el maestro, es el profesor quien concreta los lineamientos trazados por el Partido en la medida en que sepa dar cumplimiento a los planes de estudio, programas, indicaciones metodológicas y documentos normativos.
El Educador debe ser, además, un activista de la política revolucionaria de nuestro Partido, un defensor de nuestra ideología, de nuestra moral, de nuestras convicciones políticas. Debe ser, por tanto, un ejemplo de revolucionario, comenzando por el requisito de ser un buen profesor, un trabajador disciplinado, un profesional con espíritu de superación, un luchador incansable contra todo lo mal hecho y un abanderado de la exigencia”. (Castro, F. 1981).
“La eficiencia externa se expresa en graduados capaces de continuar adecuadamente sus estudios, de integrarse al proceso productivo o a los servicios con plena capacidad y conciencia de su responsabilidad laboral y social; en su preparación científica y en su formación ideológica; es decir, en su capacidad y en su disposición de servir a la Patria donde sea necesario en cumplimiento de sus deberes con ella y con el principio del internacionalismo proletario.”
Ø Actitud consciente y responsable ante el trabajo pedagógico.
“Edúquese en el hábito de la investigación, en el roce de los hombres y en el ejercicio constante de la palabra, a los ciudadanos de una república que vendrá a tierra cuando falten a sus hijos esas virtudes.” (José Martí “Bronson Alcote, el platoniano”, O.C. T. 13, página 189).
“… la primera libertad, base de todas, es la de lamente: el profesor no ha de ser un molde donde los alumnos echan la inteligencia y el carácter, para salir con sus lobanillos y jorobas, sino un guía honrado, que enseña de buena fe lo que hay que ver, y explica su pro lo mismo que el de sus enemigos, para que se le fortalezca el carácter de hombre al alumno, que es la flor que no se ha de secar en el armario de las universidades.” (José Martí “En los Estados Unidos”, O.C.T. 12, página 348).
“El educador no debe sentirse nunca satisfecho con sus conocimientos. Debe ser un autodidacta que perfecciones permanentemente su método de estudio, de indagación, de investigación. Tiene que ser entusiasta y dedicado trabajador de la cultura.
La auto preparación es la base de la cultura del profesor.”
“La auto preparación tendrá calidad si existe el espíritu de superación, si se es exigente consigo mismo, si se está inconforme con los conocimientos que posee. La inquietud intelectual de un profesor es cualidad inherente de su profesión.
En la medida en que un educador esté mejor preparado, en la medida en que demuestre su saber, su dominio de la materia, la solidez de sus conocimientos, así será respetado por sus alumnos y despertará en ellos el interés por el estudio, por la profundización en los conocimientos.”
“… Hay que educar en todos los lugares en que nos encontremos. Y esa vía de educación permanente tiene que ser el ejemplo, en la escuela, en el lugar de residencia, en las actividades sociales, el maestro tiene que ser un ciudadano ejemplar que todos respeten y admiren.”
“La ejemplaridad se demuestra en la puntualidad, disciplina, calidad de la clase, cumplimiento de las normas, asistencia al trabajo productivo, en las relaciones con los alumnos y con los compañeros, en su higiene personal y en la exigencia para consigo mismo y para con los demás.”
“La vinculación de la palabra con la acción, de las convicciones con la conducta son la base del prestigio moral del educador.
El maestro está obligado, ante todo, a plantearse ante sí altos requerimientos morales, ya que no se puede exigir a los demás lo que él mismo no practica. Solo puede educar el que es ejemplo.”
“En las escuelas secundarias básicas e institutos preuniversitarios, se debe continuar perfeccionando el trabajo de formación vocacional y orientación profesional para que los jóvenes selecciones cada vez mejor sus estudios de acuerdo con sus aptitudes e intereses personales y sociales, y en cuanto a los estudios de maestros y profesores garantizar que…ingresen jóvenes conscientes de la significación de esta hermosa profesión.”
Ø Colectivismo pedagógico (correlación de lo individual y lo social en el trabajo del maestro).
“Al venir a la tierra, todo hombre tirar derecho a que se le eduque, y después, en pago, el deber de contribuir a la educación de los demás.” (José Martí “Educación popular”, O. C. T. 19, página 375).
“La elevada formación ideológica, científica y pedagógica, la asistencia y puntualidad, el cumplimiento de la misión docente educativa, la participación activa en las tareas revolucionarias y las relaciones que se establecen con los alumnos sobre la base del respeto mutuo, son factores que posibilitan el prestigio y la autoridad que deben caracterizar la labor diaria del maestro.
El colectivo de profesores de una escuela tiene que servir de modelo moral para el colectivo de alumnos. La autosuficiencia, la pedantería y la vanidad son manifestaciones de la ideología pequeño burguesa, que nuestra juventud rechaza. Nuestros educadores tienen que ser ejemplos de la moral del socialismo y combatir resueltamente toda desviación que no esté acorde con los nuevos valores creados por la Revolución.” (Castro Fidel, 7/7/81)
“En las condiciones de la revolución científico – técnica contemporánea no concebimos al maestro con métodos artesanales del trabajo, lo concebimos como un activo investigador, como una personalidad capaz de orientarse independientemente, como un intelectual revolucionario que toma partido ante los problemas y plantea soluciones desde el punto de vista de la ciencia y de nuestros intereses de clase. Todo ello requiere de mucho estudio, de un alto nivel ideológico, de un alto nivel de los conocimientos y del desarrollo de habilidades profesionales.
Ustedes forman parte de la nueva generación de educadores cubanos, son los depositarios de las mejores tradiciones del magisterio cubano. Conocer esas tradiciones es un deber histórico, y trabajar por estar a la altura de ellas, un compromiso moral.
Hay que saber aprender de los profesores que llevan años laborando; hay que tomar de ellos lo mejor, el resumen de las de las mejores experiencias. Pero hay que pensar con carácter creador, hay que tener desarrollado el espíritu autocrítico sobre su propio trabajo.”(Castro Fidel, 7/7/81).
"Los maestros de más experiencia tienen una importante misión en la formación de los más jóvenes tanto en formación como de los recién graduados; los claustros, los colectivos docentes, deben constituir una influencia positiva en la educación de los graduados…"(Castro Fidel, 7/7/81).
Ø Humanismo pedagógico, principio rector de la labor pedagógica, penetra e integra los restantes principios.
“La enseñanza, ¿quién no lo sabe?, es ante todo una obra de infinito amor.” (José Martí “Función de la enseñanza”. O. C. T. 11, página 82)
“… para ser maestro de otros es necesario saber servir.” (José Martí “Mario Fortuna”, O.C.T. 28, página127)
“He aquí, pues, lo que han de llevar los maestros por los campos. No sólo explicaciones agrícolas e instrumentos mecánicos; sino la ternura, que hace tanta falta y tanto bien a los hombres.” (José Martí “Maestros ambulantes”, O.C.T. 8, página 289.)
“Tengo fe en el mejoramiento humano, en la vida futura, en la utilidad de la virtud y en ti.” (José Martí “Ismaelillo”, O.C.T 16, página 18).
“El profesor es uno de los principales auxiliares que tiene el Partido para la formación de la personalidad comunista de las nuevas generaciones.
Por el carácter político de su trabajo y en virtud de la influencia que ejerce en sus alumnos con su ejemplo personal, del profesor se exigen determinados requisitos indispensables en su tarea educativa. De ahí que la sociedad espere de ustedes que sean:
· Profesores que sistemáticamente formen en sus alumnos los conceptos científicos sobre la naturaleza y la sociedad. De hecho, profesores estudiosos, capaces de desarrollar eficientemente los planes y programas de estudios, para los cual deben prepararse consecuentemente, y poner especial atención a la preparación metodológica programada.
· Profesores organizados que contribuyan junto al director y colectivo pedagógico al logro de una eficiente organización escolar, estrictos cumplidores de las normas y disposiciones establecidas, y que con su ejemplo contribuyan a formar jóvenes responsables, conscientes de sus deberes.
· Profesores que en su labor como educadores, formen en sus alumnos hábitos de estudios, de trabajo, de educación formal, correctas relaciones entre compañeros sobre la base de los principios de la moral de nuestra sociedad, que desarrollen sentimientos humanos, solidarios, de respeto a la propiedad social y personal, que estén aptos para vivir en la sociedad que construimos y luchar contra toda conducta indeseable.
· Profesores con un gran espíritu de justeza y honestidad, que luchen permanentemente por desarrollar en sus alumnos el interés pos saber, el afán por hacerse cada vez más útiles a la colectividad, y que sus resultados docentes pongan de manifiesto los logros que alcanzan en este sentido.
· Profesores que destierren toda forma de manifestación de fraude académico, que eleven el valor moral de las pruebas o exámenes y combatan el más mínimo vestigio de conducta que desvirtúe su pureza y rectitud.
· Profesores que trabajen en la formación comunista de nuestros educandos, que combatan toda manifestación de individualismo, egoísmo e inmodestia y todo lo que constituya una desviación ideológica.
· Profesores que formen a nuestra juventud en las más puras tradiciones de la clase obrera.
· En fin un profesor que en su tarea diaria esté consciente de la responsabilidad que la sociedad le ha situado al conferirle lo más preciado de ella, la joven generación” (Castro, Fidel, 1981).
Estos principios se expresan de una forma concreta en los valores que integran la profesionalidad pedagógica:
· Profundo humanismo martiano y marxista, revelado en el amor a los niños y jóvenes y adultos, en una palabra, al ser humano, concretado por medio de un trato y comunicación afectuosa, orientadora y siempre respetuosa de la dignidad personal de sus educandos. Creer en el mejoramiento humano.
· Amor a la profesión, expresado en la dignidad, consideración y autoestima profesional, honor y orgullo pedagógico, abnegación y entrega.
· Espíritu revolucionario, transformador, creativo y optimismo pedagógico, creer en las fuerzas racionales, afectivas y morales, confiar en las potencialidades infinitas del crecimiento personal y humano.
· Consciente cumplidor de sus deberes y responsabilidades pedagógicas, luchador incansable por el perfeccionamiento constante y la excelencia de su trabajo.
· Exigente y justo.
· Honesto, modesto y sencillo.
· Portador de un prestigio moral como base de la autoridad pedagógica ante sus alumnos, sus colegas, la familia y la sociedad como un todo.
En el Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona, la Cátedra de Ética y el claustro de profesores en diferentes Facultades, ha experimentado procesos participativos de construcción de códigos de ética de la profesión en grupos de jóvenes que se forman como educadores en la combinación del principio del vínculo del estudio y el trabajo con resultados favorables y de una forma atractiva acercar a los jóvenes a estos conocimientos.
NOTA: En la selección de los textos martianos colaboraron las Licenciadas Alba L. Versón González y Norma Pie Maclean.- Bibliografía básica
Chacón Arteaga Nancy y colectivo, Dimensión ética de la Educación Cubana, Editorial Pueblo y Educación. La Habana, Cuba 2002.
Martí Pérez José. ObrasCompletas Editorial CienciasSociales, la Habana Cuba 1975.