sábado, 3 de enero de 2009

INSTRUIR EN LA CIENCIA Y EN LA CONCIENCIA, PRINCIPIO MARTIANO DE LA EDUCACIÓN CUBANA

CIENCIA Y CONCIENCIA, PRINCIPIO MARTIANO DE LA EDUCACIÓN CUBANA.

Por: Dra. Nancy Chacón Arteaga.
Presidenta Cátedra Ética Aplicada a la Educación
CEE. ISPEJV



Hoy como nunca antes en el devenir histórico de la humanidad, se ha manifestado la agudización de la lucha de clases en la marcada brecha entre ricos y pobres, a partir de la superconcentración en manos de unos 7 países, del primer Mundo el poder económico y político, la generación del conocimiento científico y tecnológico de punta, que sustentan los tentáculos de las transnacionales, girando en la órbita de la globalización neoliberal, asfixiando a los pueblos del 3er Mundo, con su hegemonismo y expansionismo imperial a punta de misiles, dispuestos a barrer con la cultura e identidad de los pueblos, sin tener en cuenta sus aportes milenarios.

Ya desde mediados del S. XX, en el marco de la post guerra, el relevante científico Albert Einstein, emitía su mensaje al 43 Congreso de la Ciencia y el progreso en Italia, dirigido a los científicos sensatos y honestos del mundo, a cumplir con “la responsabilidad moral del científico”, que para él significaba descubrir la verdad, llegar al conocimiento, y no dejarse manipular, ni vender su libertad y dignidad personal, a poderes económicos y políticos, ética y moralmente ciegos, caracterizando así la peligrosa situación, que desde aquel momento avizoraba como una real amenaza y peligro para la humanidad como especie y para su hábitat el planeta.

En 1970, el oncólogo norteamericano V. R. Potter, planteó la necesidad de buscar un puente hacia el futuro que concibió en una forma nueva de entender los dilemas éticos que se presentaban con el desarrollo científico y tecnológico y las manipulaciones en el campo de las ciencias médicas y la apertura hacia la ingeniería genética, que concibió como Bioética. Ante lo que pasaba en su realidad social con el hegemonismo mundial de los centros de poder político económico, la ciencia y tecnología al servicio de la carrera armamentista, entre otros antecedentes, consideró una necesidad crear un nexo entre las Ciencias humanísticas y sociales con las Ciencias Naturales, que tuviera la máxima de no dañar y de que el fin no justifica los medios, para lo cual se necesitaba una conciencia y visión diferente del lugar y papel del hombre en relación con su medio.

Mucho antes, desde el S. XIX, en Cuba, la pequeña isla del Caribe y la mayor de las Antillas, la que desencadenara su lucha patriótica por la indepenencia y soberanía nacional, posterior al proceso de las gestas independentistas en América Latina, se erigió un pensamiento social revolucionario, emancipatorio, en cuya visión de avanzada e integral no dejaron de proyectarse sobre el ideal del hombre nuevo que necesitaba la patria para conquistar la independencia y fundar una República “Con todos y para el bien de todos”.

Este pensamiento del S. XIX cubano, tuvo en su época una claridad meridiana acerca del ser humano en su integridad, su carácter activo, transformador, capaz de poner riendas a su voluntad, como expresión de la conciencia en la unidad de los conocimientos, el talento y los nobles sentimientos, liderados por los valores supremos como la justicia social y el deber ante la patria.

Asociado a esta concepción humanista y optimista, se destacó el papel de las virtudes y de la capacidad de mejorar sus defectos o enmendar sus errores, aportando una idea integradora acerca de la educabilidad del ser humano, depositando en la educación la confianza de hacer crecer culturalmente a las personas, con el dominio de la ciencia y de la conciencia, para hacer las cosas que se necesitaban con el propósito de hacer libre y soberana a la patria, para trabajar juntos por su prosperidad, abriéndose paso los valores de la honradez, el decoro y el culto a la dignidad humana.

Estos protagonistas son, sin duda alguna, los padres y madres fundadores de la identidad y la cultura nacional, reconocidos en los componentes humanos de la cubanidad, al decir de Don Fernando Ortiz, gestados al calor de las luchas por la independencia, como agente catalizador de tan complejo proceso histórico.

El más universal de todos ellos, el Delegado del Partido Revolucionario Cubano, el maestro, el apóstol, nuestro Héroe Nacional, José Martí, aportó un ideario pedagógico, cuyas principales tesis son claves para derivar hoy, en la construcción científica colectiva del quehacer de los pedagogos cubanos, en revolución permanente, los conceptos, las ideas rectoras, los principios, métodos y procedimientos, enriquecedores de las raíces de la Educación y la Pedagogía cubana,

El estudio de sus “Juicios, sobre la Educación Popular”, recogidos en el T.19 página 375 - 76, son suficientes para ejemplificar la hondura de pensamiento acerca de este complejo proceso de la educación de las nuevas generaciones, concebida desde su universal acervo cultural, gestado en su revolucionario bregar con una visión de la necesidad del cambio de la realidad de la Cuba colonial en que le tocó vivir, de ahí su proyección adelantada a su época y la capacidad de tocar los problemas en sus esencias más ocultas a la vista de los demás, así fue de radical y esencial en sus razonamientos y juicios en particular el que nos ocupa, el de la Educación, muy asociado al de la independencia, la libertad y soberanía de la patria y del ser humano como individuo en lo personal.

En el estudio de sus juicios encontramos una la lógica de donde se derivan criterios pedagógicos sobre la educación en nuestras tierras de Cuba y América latina tales como:
  • la integración de la instrucción, como expresión del pensamiento y de la educación, en la que prevalecen los sentimientos (juicio 1)
  • de la integración de las cualidades morales y las cualidades inteligentes (juicio 1)
  • de la educación popular como la educación de todos por igual, no solo de ricos, sino también los pobres, todos bien educados (juicio 2)
  • El que sabe más, vale más. Saber es tener… Un hombre instruído vive de su ciencia, y como la lleva en sí … su existencia es fácil y segura. (juicio 3)
  • El pueblo más feliz, es el que tenga mejor educados a sus hijos en la instrucción del pensamiento y la dirección de los sentimientos (juicio 4)
  • Un pueblo virtuoso vivirá más feliz y más rico que otro lleno de vicios, y se defenderá mejor de todo ataque (juicio 4)
  • Derecho a que se le eduque y el deber de contribuir a la educación de los demás (juicio 5)
  • Un pueblo instruido será siempre libre y fuerte (juicio 6)
  • el mejor modo de defender nuestros derechos, es conocerlos bien (juicio 6),
  • “Un hombre instruido en la ciencia y en la conciencia, ya está en camino de ser Dios” (juicio 6)

    Desde esta lógica inductiva, llegamos a la deducción de una de sus principales ideas generalizadora acerca del carácter integrador que caracteriza la esencia de la Pedagogía en el proceso de la educación integral, el que comprendió en su complejidad teniendo en cuenta lo individual y lo social, lo interno y lo externo, la interacción de los individuos en este proceso educativo y a la vez de las múltiples influencias, personales y del contexto social.

    Supo comprender la necesaria integración de la instrucción y de la educación, reconociendo que en la base del proceso formativo, de la enseñanza y el aprendizaje, está la moral como elemento que puede vincular la razón y los sentimientos asociados al Bien, a las virtudes, a las cualidades morales en su orientación al bien y los valores.

    En tal sentido, Martí hace explícito en casi todas sus reflexiones sobre la educación su aprecio por el papel de la Ética como elemento imprescindible en este proceso. Por lo que podemos aseverar que fue el primero en revelar de forma clara no solo la presencia, sino incluso el papel de la moral, los valores humanos universales e identitarios y humanista, como rasgos inherentes a este proceso y por ende como contenidos insoslayables del mismo, que hoy vemos integrados en un enfoque de nuestra Pedagogía y educación revolucionaria a lo largo de nuestra historia patria.

    Martí concibió el desarrollo del talento y la inteligencia humana, sobre la base
    del desarrollo de la ciencia y la tecnología, como instrumentos para ser más prósperos, en la medida en que se sea bueno y por consiguiente dichosos. La Ética, la moral y los valores, acompañan al conocimiento científico y tecnológico para la dirección humana en su obrar bien, para la correlación necesaria entre el fin y los medios.

    Para ser libres es necesario ser cultos, esta es una libertad en todos los sentidos, pero primero que todo como seres humanos con la capacidad de elegir con conocimiento de causa sobre su elección moral en su actuación, y como responsables por los actos, se está apuntando a la autodeterminación moral de las personas a partir de los conocimientos que posee.

    Fue el gran inspirador de nuestra ideología política e ideales libertarios y emancipatorios, ordenados y animados en la razón, la voluntad y las acciones, por “ese sol del mundo moral” como nos sentenciara José de la Luz y Caballero, el valor de la justicia social, que preside hasta nuestros días los valores morales y políticos, de esta nueva forma armónica de concebir al ser humano y su convivencia entre sí, los pueblos y nuestro planeta tierra, así consta en sus juicios sobre los deberes y derechos a ser educados en la sociedad, sobre el concepto de la educación popular inclusiva a ricos y pobres, científica y para todos por igual, bien educados.

    Los educadores cubanos, somos herederos y deudores del principio martiano de la unidad en “la instrucción de la Ciencia y la Conciencia”, con el que el pensamiento, la ideología y la cultura nacional de avanzada, se dieran a conocer ante sí, la América Latina y el mundo, desde el siglo XIX cubano, el cual traza una continuidad, salvando distancias, diferencias generacionales y contextos históricos concretos, pero que en esencia expresa el compromiso de hacer, luchar y transformar, desde las posiciones del conocimiento, de la apropiación de los avances de la ciencia y la tecnología para hacer cada vez más humanas y felices las circunstancias y condiciones de vida de nuestro pueblo; ya que cuando Martí nos dice, “Ser buenos es el único modo de ser dichosos. Ser cultos es el único modo de ser libres”, esta teniendo en cuenta la tríada de la moral – cultura y libertad, que tiene mucho que ver con la visión bolivariana para la patria grande, de “moral y luces”, para la salvación humana de nuestros pueblos.

    Como podemos apreciar, la Educación y la Cultura en su unidad dialéctica son la base y las vías esenciales de la edificación de las naciones, tanto en el orden material como en el plano espiritual de su alma. En ello mucho tiene que ver las posiciones éticas de concebir al ser humano y su educabilidad, el lugar que la moral, los valores y el humanismo concreto, tienen en el proceso de formación de las nuevas generaciones y de edificación del propio sistema social, el fundamento de su ideología y el de hacer política, en lo cual es decisivo.

    Estas son las armas ideológico – culturales con que contamos los educadores cubanos para la lucha que libramos en todos los órdenes, para ello trabajamos infatigablemente, incondicionalmente al lado de Fidel y de la Revolución que nos ha hecho lo que somos: un pueblo unido, con dignidad, conscientes y seguros de que este es el camino de la emancipación humana, de la integración latinoamericana y del enfrentamiento al imperialismo hasta vencer.

    No existen opciones o alternativas, ya el conflicto estaba decidido desde el S. XIX, aún después del vergonzoso pacto del Zanjón, donde hubo un Mangos de Baraguá, cuyo protagonista nuestro Titán de Bronce, fuera el mismo que hizo saber a las generaciones de cubanos nacidas y las que estaban por nacer que “Quien intente apoderarse de Cuba, solo recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre si no perece en la contienda”

    Con esa firmeza de tradiciones patrióticas, la Pedagogía cubana retoma en su trabajo científico y educativo, los contenidos éticos – morales, axiológicos y humanistas, que enriquecen la cosmovisión e interdisciplinariedad tan necesarias en el complejo proceso de la formación permanente de los profesionales de la educación en el contexto actual, para contribuir cada día a ser mejores personas, más íntegras, insobornables, incorruptibles, exigentes ante lo mal hecho, honestas, honradas y trabajar por un mundo mejor.

    En este proceso el pensamiento estratégico es fundamental, el cual está en el centro de nuestra ideología y cultura, expresado genialmente en el concepto de Revolución que apuntara nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro, protagonista principal de la articulación entre el pensamiento cubano de avanzada y el Marxismo Leninismo, como lo mejor de la cultura en la integración de lo universal y lo específico, de lo martiano y marxista.

    “En este mundo real, que debe ser cambiado, todo estratega y táctico revolucionario tiene el deber de concebir una estrategia y una táctica que conduzcan al objetivo fundamental de cambiar ese mundo real. Ninguna táctica o estrategia que desuna sería buena”.1

    La Ciencia Pedagógica se transforma para todos nosotros en una herramienta imprescindible para encontrar las vías, respuestas y soluciones, a los problemas de la formación de la conciencia en las condiciones actuales, en ello necesitamos seguir trabajando infatigablemente, esta es una convocatoria permanente de todos los tiempos para todo revolucionario, recordemos las palabras del Comandante en Jefe Fidel Castro, en su intervención en el aula Magna de la Universidad de la Habana el 17 de noviembre del 2005, cuando expresó:


“…los valores éticos son esenciales, sin valores éticos no hay valores revolucionarios.”
“Yo he pensado mucho en el papel de la ética. ¿Cuál es la ética de un revolucionario? Todo pensamiento de un revolucionario comienza por un poco de ética, por un poco de valores que le inculcaron los padres, le inculcaron los maestros, él no nació con esas ideas; igual que no nación hablando, alguien lo enseñó a hablar. La influencia de la familia es también muy grande.”2

Siguiendo el hilo de estas ideas de un profundo contenido pedagógico, llega a plantearnos, sobre todo a los jóvenes presentes en aquel auditorio las siguientes interrogantes:

“¿Puede ser o no irreversible un proceso revolucionario?
¿Cuáles serían las ideas o el grado de conciencia que harían imposible la reversión de un proceso revolucionario? Cuando los que fueron de los primeros, los veteranos, vayan desapareciendo y dando lugar a nuevas generaciones de líderes ¿qué hacer y cómo lograrlo?”.3

Indiscutiblemente que estas interrogantes pueden y deben ser evaluadas desde las ciencias sociales y humanísticas, donde la Ética aplicada a la educación, como ciencia filosófica sobre la moral, los valores, el ser humano y su educabilidad, le aporta a la Pedagogía el enfoque ético – axiológico y humanista, para una visión más integradora del complejo proceso educativo, estrechamente vinculado a otros fundamentos como sociológicos, psicológicos e históricos, por mencionar solo algunos, desde posiciones de la interdisciplinariedad e ideológicamente definidos a partir del principio martiano de instruir en la ciencia y la conciencia.

1, 2 y 3 - Castro Fidel, 17 noviembre 2005, Aula Magna UH. Publicaciones CE Pág. 43 - 45

BIBLIOGRAFÍA BÁSICA
Castro Ruz Fidel. Multimedia Fidel: Ética y Valores Humanos, Cesofte, ISPEJV, la Habana 2007.
Hart Dávalos Armando. Ensayos y conferencias sobre José Martí. Oficina del Programa Martiano.
Martí José. Obras Completas. Editorial C. Sociales, la Habana 1975, T. 19 p.375 - 376









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